Para entrar a vivir.

Cuando alquilas una casa no alquilas solo cuatro paredes. Cuando alquilas una casa alquilas la calle nueve pisos bajo ella y la gente paseando. Alquilas el hotel de enfrente y los cafés viendo cómo cambian las sábanas de la habitación 107 un día tras otro. Alquilas la montaña del fondo, con el castillo en lo alto, y los fuegos artificiales el 23 de junio y las noches que gana el Barça.

Alquilas a los vecinos de abajo haciendo el amor y a los de al lado follando. Alquilas los relámpagos a lo lejos y el granizo de verano sobre el techo, las cagadas de gaviota y el olor a maría del chaval del séptimo. Alquilas el sol y los fanalillos de colores. La línea del horizonte sobre el mar, el sol que sale, el aire que entra.

Y luego te vas y lo dejas para el siguiente que llegue. Un poco más usado todo, el sol, el aire, las vistas, pero como nuevo. Para entrar a vivir.

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