Gatos.

Por cada gato negro hay un gato blanco. Es el orden inmutable del cosmos, el frágil equilibrio de las cosas. Eso significa que por cada gato negro que se cruza en tu camino, un gato blanco, en algún lugar del mundo, se cruza en el camino de alguien o le lame la mano o se le acerca con cautela, las orejas de punta hacia el cielo.

Que por cada gato negro que veas, tarde o temprano acabarás dando con uno blanco con el mismo número de patas, o similar.

También significa que por cada gato negro que muere en el mundo, le sigue un gato blanco, así como por cada gato negro que nace, llega a este mundo otro del color contrario. Es como una lucha silenciosa, como si alguien quisiera mantener un orden invisible.

Piensa en ello cuando se te cruce un gato negro. Pero no le des mucha importancia cuando sea blanco.

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¿Qué haces, Batman?

En lo alto de un rascacielos de Gotham estás tú, Batman.
A tu lado, al filo de una cornisa, hay un rehén retenido contra su voluntad. No sé, un oficinista. Un nadie con gafas.
Delante de ambos, un villano cualquiera. Puede ser el Joker si lo quieres convertir en un clásico. ¿Sí? ¿Nos vale el Joker? El Joker, pues.
Vale, piensa en la imagen. El Joker corre hacia ti. Te dispara algo, no sé, un gas de la risa, ácido en los ojos. Sí, ácido está bien. El suficiente para distraerte, pero no te quedarás ciego ni nada.
Eres Batman, caray.
El Joker coge al rehén y se lanzan ambos hacia la calle. 15 o 20 pisos. La caída los matará.

Tú saltas tras ellos, Batman.

Pero solo puedes salvar a uno.

El Joker es culpable, pero tal vez, quién sabe, en algún momento pueda llegar a rehabilitarse.

El rehén es inocente, pero tiene una enfermedad terminal. No vivirá más de 30 días.

¿Qué haces, Batman? ¿Qué haces?

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